Cofradía “JESÚS DE L’HORT”, Cocentaina (Alicante)

TITULO:      “Orar, escuchando a Dios”

 

Es tradición en Cocentaina, que las juntas de todas las cofradías que participan en la Semana Santa, sean elegidas cada tres años, renovándose casi en su totalidad los miembros que la componen.  En nuestro caso, el 2016 será nuestro último año, y en estos tres años de caminar comunitario, hemos profundizado en el sentido más personal de la Semana Santa, y en concreto de lo que a ella le aporta la Cofradia de “Jesús en el Huerto”.

 Y no sólo ha sido procesionar la imagen de Jesús con el ángel y el cáliz, sino que hemos ahondado en el significado de este episodio en la pasión de nuestro Señor Jesucristo a través de lecturas compartidas y comentadas, hemos convocado a toda la parroquia a rememorar el instante de la Oración en el Huerto. El primer año con el lema “Getsemaní: La oración”, el segundo con el lema “Getsemaní: Subida al monte”, y que concluiremos en la próxima semana santa con otra oración de Getsemaní, en las que hemos intentado revivir, comprender, interiorizar, exprimir todo el sentido de este momento tan trascendental de Jesús: “hágase tu voluntad”, tres palabras que desataron y desencadenaron el camino de la salvación.

Estos momentos de formación,  han ido acompañados de comentarios y reflexiones mensuales en el intento de hacer una catequesis del momento de la Oración en el Huerto. Hemos repasado la historia, la geografía de Getsemaní, las cuatro versiones de los evangelistas y paso a paso, mes a mes, vamos desgranando lo que nos alcanza de la Oración en el Huerto de Getsemaní.

Queremos compartir con todos vosotros, una de estas reflexiones mensuales con la esperanza de contribuir a que este congreso conlleve a realzar la idea de GETSEMANI.

 

Orar, escuchando a Dios:

Hemos recorrido ya un trecho bastante largo, juntos hemos ido releyendo el pasaje de la oración en el huerto, hemos estado en “cierto lugar”, al otro lado del Cedrón, hemos caminado desde nuestra casa hasta un monte algo apartado, “lo que se puede caminar en sábado” … ¿seguimos?… andando pues!, atrevámonos!.

No es nuestra intención marcar el cómo ni de qué manera se deba realizar la oración. Esto es algo a lo que cada uno debe llegar por su propio pié. Tan sólo intentar dar unas pistas, facilitar unas reflexiones para que cada cual sepa hallar la línea de comunicación directa con Dios. Nadie nace enseñado, ni nadie sabe más que nadie en este tema.

Para empezar, diferenciemos las palabras rezar y orar.  Nos referiremos a rezar, cuando estemos orando en voz alta y en comunidad, pues estamos compartiendo en ese momento una misma oración, y  diremos orar, o que estamos orando, cuando soy yo mismo el que está en línea directa con el Padre.

Son muchos los ejemplos que encontramos en la Biblia, sobre la oración, sobre formas y tipos distintos de oración: de acción de gracias,  de suplica, de perdón, de alabanza…publica, privada, cantada, recitada… humilde, confiada, agradecida….San Pablo hace de la oración uno de los pilares básicos de la vida cristiana. Mt 11, 25-26; Lc 22, 32;  Jn 17, 1-26;…

Y, aprovechando que estamos en la Cofradia de Jesús del Huerto, en la que nuestro paso es la imagen de Cristo arrodillado, al que el ángel consolador Egudiel ofrece el cáliz, partiremos de este “lugar” como le llama Lucas, para recorrer en estos momentos el camino de la oración en  Getsemaní.

Detengámonos un momento a pensar en un hecho que puede pasar desapercibido, ya que por ser tan repetitivo, no le damos importancia: Jesús estuvo toda una noche sufriendo, angustiado, aterrado, invocando continuamente a su Padre, rogándole que le apartara de aquel cáliz… toda una noche en la que llegó a sudar sangre (la hematidrosis a que nos referimos ), para llegar a decir, para aceptar, para entender, para asumir una frase: “hágase tu voluntad”, cuando nosotros decimos esa y otras más en el Padrenuestro de una forma consecutiva e inconscientemente, vamos: en un santiamén!.

¿Y que hizo Jesús toda una noche en el huerto?… ¡orar!… y no le llamó por el móvil (con lo fácil que es!), sino que utilizó una forma mucho más directa y mucho más eficaz para hablar con Dios, con su Padre, y esta fue la oración; fácil a pesar que nos cueste entenderlo a veces.

Es un ejemplo más que elocuente para que nosotros aprendamos la forma correcta de orar, porque cuando  los discípulos le preguntaron (Lc 11, 1-4) “enséñanos a orar”, Jesús les contesta con la fórmula del Padrenuestro.

Pero aun así, no lo considera suficiente y nos da una muestra real de la oración: toda una noche hablando con Dios!, ahí es nada!. De este pasaje podemos ser capaces de distinguir varias partes, palabras o conceptos que nos darán pistas para aprender a orar:

  • Ansiedad, miedo, terror, dialogo, compañía, velar, arrodillarse, humillarse, reconocimiento de la voluntad de Dios, aceptación de sus deseos, introspección, soledad, abrirse, dejarse llenar…. Cómo sería  la cosa, que hasta en la cruz, antes de entregar su alma, Jesús aun habiendo aceptado la voluntad del Padre, no puede por menos que gritar: (Mc 15, 34) Eloí, Eloí, lemá sabaktani (Dios mio, Dios mio, ¿porqué me has abandonado?) es su hijo, pero también es un hombre, y en la cruz ( la real, la que duele) se debe sufrir y mucho, y es lógico que grite, que se entregue, ¿acaso lo soportaríamos nosotros?, ¿acaso pensamos que es un superman al que no le puede doler nada?

Y, sin embargo, una pregunta nos acude a todos de inmediato: ¿Dios permite el sufrimiento?, ¿deja morir a su único hijo?, ¿Es que Dios permite el mal, la guerra, la injusticia, que nuestro ser más querido sufra enfermedad?, que los niños sean explotados y que pasen hambre? pensar así significa que renunciamos a nuestra propia responsabilidad, y dejarnos en manos del “destino”, de la “fatalidad”, de la “providencia”…. Exactamente todo lo opuesto a los planes de Dios, pues El nos ha hecho libres, Él no juzga a nadie, no condena a nadie, cuando interviene Dios lo hace con amor, somos sus instrumentos y sus manos para todo, es Dios el que tiene que pasar por nosotros….por tanto se hace inevitable entender lo que nos quiere decir Dios, lo que espera Dios de nosotros, que nos lo viene diciendo desde tiempos inmemorables, lo que ocurre que nosotros muchas veces no  tenemos la antena puesta, no tenemos encendida la radio, no estamos escuchando…

Vamos a ver si nos enteramos de una vez por todas: lo que pides a Dios, Dios no tiene a nadie más que a ti para dártelo!. Aunque los milagros existen, no seamos tan niños de creer que todo lo va a solucionar Él con tan sólo pedírselo.

Orar es escuchar a Dios que nos habla, es consentir que Dios haga en nosotros su plan, para dejarnos llenar por Él

Nos enteramos de las noticias que ocurren en el mundo a través de la emisión de un periódico, de una televisión, de una radio, de las ondas que circulan por internet, por un e-mail, por un watsap… pero no tenemos encendida la antena de escuchar a Dios, y eso que a diario lo  podemos ver en nuestro entorno, se nos cruza por la acera, se nos manifiesta continuamente de muchas formas y maneras, casi siempre en forma de amor, pero también en la injusticia proponiéndonos su reparación… ¡Ni caso!, o no lo vemos o no lo escuchamos…

Ahí es dónde empieza la oración, en el momento en que nos disponemos a escuchar a Dios: es cuando estamos receptivos, cuando nuestro corazón late por ternura, por caridad, por sacrificio, por limosna, por amor… porque es en esos instantes de dialogo personal, cuando dejamos que Él nos hable, cuando empezamos a orar.

Y pensemos, que es Dios el que nos necesita más a nosotros, que nosotros a Él: en el amor siempre es más fuerte el que menos ama!

Si cuando salimos de viaje, para saber a dónde vamos y cómo, consultamos un plano, una guía turística cuando vamos a alguna ciudad nueva para nosotros, ¿Cómo no vamos a disponernos de igual forma?

Asi pues, pensemos qué debemos hacer para poder escuchar a Dios, cuáles son las cosas que nos impiden abrirse a Dios…. veamos posibilidades:

  • Estar en silencio…… pues apartémonos del ruido
  • Estar en soledad… pues busquemos un lugar, un “cierto lugar”
  • Tener los ojos abiertos…. si, porque Dios está entre nosotros
  • Tener el oído atento….. también, porque Dios nos habla constantemente, siempre está llamando, invocándonos… por lo que debemos estar siempre con todos los sentidos dispuestos.
  • Si somos tan torpes de no saber orar por la calle… busquemos un texto que nos invite a reflexionar, un buen libro, un pasaje de la Biblia…
  • ¿Tengo fe suficiente para reconocer a Dios en cada uno de mis hermanos, ese Dios que espera ser amado a través de mis hermanos?
  • y se puso a lavar los pies… es una de las opciones cuando sabemos que quiere Dios…
  • De la misma manera que un músico afina el instrumento, y ensaya durante muchos días hasta que consigue hacer la música, nosotros debemos ejercitarnos en la oración hasta conseguir escuchar el sonido que damos bajo la palabra de Dios!
  • Como un atleta se entrena, entrenémonos nosotros en la oración, descubriendo las distintas formas en que Dios nos habla:
    • ¿nos habla a nosotros solos? ¿nos habla a través del trabajo?
    • ¿nos habla por la calle?, ¿oyendo música?
    • ¿nos habla por los medios de comunicación?
    • ¿nos habla por nuestros hijos? ¿en nuestro matrimonio?
    • ¿con nuestros amigos? ……
    • (que cada uno haga crecer la lista…)

Bueno, tampoco es que estas breves reflexiones sean todo respecto a la oración, ni mucho menos, ni tampoco es esta la intención del que lo escribe, aunque si espero que nos quedemos con una idea de partida ante la oración, y es la de escuchar a Dios, palabras que pueden parecer insignificantes, pero que si las analizamos y las desmenuzamos, nos pueden dar para mucho, muchísimo más.  Eso sería bueno!.

Insistiremos más, como el atleta, como el músico… en la oración!